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Sunday, December 20, 2009

El ejercicio físico


El ejercicio físico aeróbico eleva la supervivencia de neuronas


Los conceptos clásicos del cerebro y su funcionamiento se están cuestionando con la aparición de nuevos hallazgos. Uno de esos cambios afecta a la comunicación neuronal, que hasta ahora se consideraba que se hacía exclusivamente por la vía sináptica, pero los estudios recientes han encontrado un nuevo modo de transmisión química. Las nuevas teorías se han expuesto en un simposio coordinado por Francisco Mora.

El ejercicio físico aeróbico en ratas cambia el cerebro, aumentando la expresión de multitud de genes, que de otra manera están dormidos, y expresan factores tróficos en el sistema nervioso que aumentan la supervivencia de neuronas en áreas relacionadas con el aprendizaje y la memoria. "Esas manipulaciones aumentan significativamente los niveles extracelulares del glutamato", ha explicado el profesor Francisco Mora, del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Lo anterior es la conclusión de un estudio desarrollado por Mora que, junto con Kjell Fuxe, del Instituto Karolinska, de Estocolmo, en Suecia, ha coordinado el simposio internacional Comunicación neuronal, neurotransmisores y envejecimiento, que concluyó ayer en la Fundación Ramón Areces, de Madrid. Ha indicado que "sabíamos que el enriquecimiento ambiental (que estimule el ejercicio físico) produce un aumento de la neurogénesis, pero hasta ahora no se había correlacionado con la neuroquímica".

Las investigaciones de Mora revelan que "tanto en animales jóvenes como en viejos hay un aumento significativo de neurotransmisores en el espacio extracelular", lo que lleva a la conclusión de que "el ejercicio físico produce un aumento de factores de crecimiento que a su vez es la base que sustenta la producción de nuevas neuronas y que las que crecen vivan más".
Sin embargo, el investigador ha reconocido su desconocimiento sobre la trascendencia del hallazgo, puesto que "estamos a la espera de ver su implicación en el contexto de una nueva dimensión de neurotransmisión química extracelular y un nuevo concepto de los, hasta ahora, conocidos como circuitos específicos que codifican para funciones específicas".

Complementariedad

Lo anterior se entronca con el descubrimiento de un nuevo modo de comunicación neuronal, la química, que es paralela y tan importante como la sináptica. "Consiste en la transmisión de información por neurotransmisores liberados al espacio extracelular, y que alcanzan receptores que están localizados lejos de los puntos de su liberación".

Según este tipo de comunicación, se liberan al espacio extracelular multitud de sustancias, desde los neurotransmisores clásicos a los nuevos neurotransmisores (monoaminas, aminoácidos, péptidos) y también hormonas. "Estamos poniendo en perspectiva ese cerebro húmedo, junto al físico del cableado, hasta el punto de que, actualmente, no se puede hablar de circuitos que codifican para funciones específicas sin tener en cuenta los dos tipos de neurotransmisión".

Mora ha subrayado que ambos modos de neurotransmisión son complementarios, y el químico además modifica la propia transmisión cableada entre neuronas. "La transmisión sináptica sería comparable a una comunicación telefónica: rápida y muy precisa. La transmisión química es lenta y tónica; esto es, mantiene un nivel de interacción de sustancias químicas que modula esa comunicación rápida a largo plazo".

El fisiólogo ha insistido en que se trata de una perspectiva nueva con unas implicaciones "tremendas" para entender cómo funciona el cerebro, tanto el envejecido, "que es fisiológico y no tiene por qué cursar con enfermedad", como el patológico.

No obstante, y a pesar de que todavía se desconocen las consecuencias de esta nueva concepción de la comunicación neuronal, "está claro que el conocimiento de que hay receptores extrasinápticos para neurotransmisores nos tiene que llevar a una nueva farmacología para el tratamiento de procesos patológicos, como el Parkinson y la enfermedad de Alzheimer".

Homocisteina

Luigi Agnati, de la Universidad de Módena, en Italia, es, junto a Kjell Fuxe, el descubridor de la transmisión por volumen (química). Durante su intervención en el simposio ha apuntado a Golgi como precursor en la postulación de la transmisión volumétrica. Ha señalado que la homoserina puede interactuar con receptores glutamatérgicos, del tipo NMDA, y que puede ser un parámetro para determinadas patologías, como el Alzheimer y el Parkinson. En este sentido, ha abogado por considerar a la homoserina como "una molécula que en el futuro deberá ser considerada en la clínica, en el sentido de que la determinación de sus niveles puede sugerir el riesgo a padecer un tipo de demencia".

(Por Angeles Gómez, Publicado en el diario médico.com, 4 de diciembre de 2003)

Tuesday, December 08, 2009


El cerebro adulto, a los menos ciertos partes, del mismo, es casi tan maleable como el del niño, pero hay una ley de hierro: lo que no se usa se pierde. Nuestro cerebro está diseñado para la acción; la pereza y la rutina lo intoxican. Por plasticidad cerebral se entiende la capacidad del sistema nervioso central para adaptarse continuamente a circunstancias cambiantes, esto sucede en todos los cerebros cada vez que aprendemos algo nuevo, y también cuando el cerebro se adapta tras hacerse producido una lesión; por ejemplo: una apoplejía. El ejercicio físico puede potenciar la función cerebral, mejorar el estado de ánimo e incrementar el aprendizaje. Las células cerebrales del hipocampo (una de las regiones cerebrales responsables del aprendizaje y la memoria) de los ratones con ruedas para correr, casi doblan en número a las de los ratones inactivos. Pueden dividirse y desarrollarse células nuevas en el hipocampo del adulto. El hipocampo crea y almacena mapas de espacio y se encuentra especialmente desarrollado entre los taxistas de Londres y los Artistas de la Memoria. El ejercicio físico tiene un efecto positivo sobre el ánimo, puede actuar como antidepresivo. Al incrementar la capacidad de los glóbulos para absorber oxígeno, el ejercicio mejora no solo las funciones muscular, pulmonar y cardiaca, sino también la función cerebral.

Tuesday, November 24, 2009


Ejercicio físico: sus beneficios y peligros para la mente y el cuerpo

Desde elevar el rendimiento intelectual, hasta volvernos más resistentes al estrés. Recientes estudios han aportado evidencia sólida sobre las ventajas de la actividad física y el riesgo de los excesos, incluyendo algunos hallazgos considerados como los más importantes del último tiempo.

por S. Urbina/ M. Córdova - 21/11/2009 - 09:28

Tendemos a pensar que la actividad física tiene sólo beneficios y que está exenta de riesgos. Más todavía en un mundo en que la obesidad se expande peligrosamente. Pareciera que todo ejercicio vale, con el fin de frenar esta epidemia de los kilos de más o ponerse en forma para los días de verano. Pero un número no menor de estudios que se han publicado recientemente comenzaron a matizar el panorama de la actividad física, aclarando sus ventajas y evidenciando que ciertos tipos de ejercicios son mejores que otros, tanto para la mente como para el cuerpo.

1. Baja la ansiedad y lo hace resistente al estrés
Lo que acaba de comprobarse en la Universidad de Princeton es, probablemente, uno de los hallazgos más importantes que se han hecho respecto de los efectos del ejercicio en la mente. Hace mucho tiempo que se sabía que la actividad física mejora el estado anímico, pero nunca se habían descubierto las razones.

Ahora, en el trabajo presentado el mes pasado en la reunión anual de la Sociedad de Neurociencia en Chicago, EE.UU., los investigadores comprobaron que el ejercicio promueve la creación de nuevas neuronas. Y, más importante aún, que estas nuevas células nerviosas son resistentes al estrés.

En el experimento se usaron dos grupos de ratas de laboratorio: uno que debía correr y otro que se mantuvo en reposo. Después, ambos grupos debieron nadar en agua fría -prueba tensionante y desagradable para estos roedores-, lo que estimuló que ciertos genes, que se activan en una situación estresante, se encendieran y emitieran señales que desencadenan la respuesta de emergencia del organismo, como palpitaciones, sudoración y mayor presión arterial.

Lo sorprendente fue que en las neuronas que se generaron en el cerebro de aquellos animales que habían corrido crearon neuronas, los genes del estrés no se prendieron. Es decir, se mantenían "tranquilas", pese a la situación. Algo que, según los investigadores, se explicaría porque estas células nerviosas nacen, precisamente, mientras el organismo está siendo sometido a una actividad física que es tensionante.

Otro trabajo presentado en el congreso de Chicago por científicos de la U. de Houston, demostró que la actividad física protege contra los efectos oxidativos del estrés, es decir, impide que las sustancias químicas dañinas que se producen en situaciones de tensión destruyan las neuronas.

Algo en que todos los grupos de investigadores estuvieron de acuerdo fue que para que los efectos descritos se produzcan no bastan una o dos semanas de ejercicio, sino que al menos seis semanas.

2. Puede afectar nuestras defensas
Las defensas del cuerpo funcionan como un sistema en un equilibrio delicado que hay que cuidar. El año pasado un trabajo con ratas, publicado en la revista Brain, Behavior and Immunity demostró que cuando estos animales son obligados a ejercitarse hasta quedar exhaustos, son más proclives a enfermar de influenza que si se mantienen en reposo.

Pero en otro experimento de la U. de Illinois, publicado en la misma revista, se infectó primero con influenza a las ratas. Luego, un grupo descansó, otro corrió por 20 a 30 minutos en forma relajada -casi como caminar rápido- y otro lo hizo en forma extrema por media hora. Esta rutina se repitió por tres días hasta que aparecieron los síntomas del resfrío.

Más de la mitad de las ratas sedentarias falleció por el virus, mientras que sólo un 12% de las que corrieron en forma placentera murió. Lo sorprendente fue que un 70% de las que se ejercitaron en forma extrema también falleció y las que sobrevivieron, quedaron muy debilitadas.

Conclusión: el riesgo de enfermar y morir tiene una forma de J al revés. Cae cuando el ejercicio es moderado y vuelve a aumentar cuando es exagerado, superando incluso al peligro que acecha a los sedentarios.

¿La razón? Todo apunta a que el ejercicio leve mejora la coordinación de las defensas para combatir las infecciones, mientras que cuando es extenuante, el sistema pierde su equilibrio: la primera línea de defensas prácticamente desaparece y el ataque de los virus se facilita. Este efecto es mayor, mientras más exagerado y duradero es el ejercicio.

En todo caso, el dato es muy relevante si se toma en cuenta el fuerte aumento que registra en la actualidad la práctica de correr maratón, y la pandemia de influenza humana que sigue afectando a parte del mundo.

El investigador Jeffrey Woods, de la U. de Illinois, sugiere a los amantes de la maratón que cuando entrenen muy duro, eviten entrar en contacto con personas resfriadas, se laven las manos con frecuencia y se vacunen todos los años contra la influenza. "Y si no se siente bien, es mejor que deje de ejercitarse hasta que se recupere", añade.

3. Correr eleva la inteligencia
Este es quizás el único factor estudiado donde a mayor ejercicio, la inteligencia también es mayor.

Se estudiaron dos grupos de ratas, a los que se hizo nadar en un laberinto acuático y se les sometió a un estímulo desagradable para ver cuán rápido lo evitaban. En las siguientes cuatro semanas, un grupo se ejercitó en forma liviana y el otro fue forzado a un ejercicio potente y agotador. Después se les hizo nadar en el mismo laberinto acuático. Ambos grupos mejoraron en esta tarea, pero sólo el que entrenó muy duro evitó con rapidez el estímulo desagradable, algo que según los científicos representa una respuesta cognitiva más compleja.

Al analizar los cerebros de las ratas, se vio que las que más se ejercitaron tenían cambios moleculares en diversas zonas, mientras que las que tuvieron una actividad más liviana, exhibían modificaciones en una sola área.

Al hacer pruebas de memorización con estudiantes de la U. de Illinois, se vio que la mayor exactitud la logran quienes corren en la cinta sin fin, mientras que quienes descansan o quienes levantan pesas tienen menos éxito. Al parecer, la actividad aeróbica es fundamental en esto, porque facilitaría la llegada al cerebro de una serie de proteínas que ayudan al crecimiento de nuevos tejidos en el organismo, estimulando la creación de nuevas conexiones nerviosas, según Henriette van Praag, de los Institutos Nacionales de Salud.

5. Huesos saludables
Hasta hace poco tiempo, los científicos asumían que todo tipo de actividad física era beneficiosa para los huesos. Pero una serie de trabajos desconcertaron a los investigadores: los nadadores profesionales tienen huesos de menor densidad, los ciclistas a veces tienen huesos más frágiles y los levantadores de pesa no tienen necesariamente huesos más fuertes. No se entendía por qué ciertos ejercicios eran buenos para los huesos y otros no.

Otra vez la sorpresa la dio el ejercicio moderado: las mujeres que caminan en forma rápida y enérgica, sí tienen huesos más densos y, por lo tanto, su riesgo de fractura es menor, según el doctor Daniel Barry, profesor de medicina de la U. de Colorado.

También en esta ocasión, si el ejercicio es demasiado prolongado, el hueso empieza a perder densidad. En el caso de los ciclistas, después de la temporada de competencias sus huesos son más frágiles. Una explicación sería que por la sudoración perderían calcio. Algo que el doctor Barry tendrá claro dentro de un año, ya que está probando si dar tabletas masticables de calcio antes y después de las carreras, evita este problema a los ciclistas. Por el momento, y aunque parezca simple, la mejor forma de tener buenos huesos es subir y bajar escaleras, o dar saltos… sin exagerar.

Otras evidencias a considerar


Factor genético: hasta ahora los científicos han identificado unos 200 genes que tienen un rol en la habilidad del cuerpo para adaptarse a la práctica del ejercicio. Hoy son numerosos los estudios para ver la importancia de cada uno de estos genes y cómo influirlos para mejorar el rendimiento deportivo.

Prevención del cáncer: un estudio en Finlandia, dado a conocer en julio pasado en el British Journal of Sports Medicine, reveló que mientras más constante e intensa es la actividad aeróbica de las personas adultas, se reduce en un 50% el riesgo de morir prematuramente de cáncer, sobre todo de tipo digestivo y pulmonar.

La salud cardíaca: entre quienes corren maratón parece no ser mejor que el promedio de los demás adultos sanos. Los estudios que se han conocido en el último año revelan que los maratonistas tienen los mismos niveles de calcificación en su corazón que quienes no corren. Ademas, tras correr, en estos deportistas aumentan los indicadores de daño cardíaco, aunque todo indica que se recuperan rápido. Por último, los especialistas advierten que quienes corren deben estar alerta a un infarto, que puede ser gatillado por el esfuerzo físico.

Correr descalzo: es una tendencia creciente entre los aficionados a este deporte. Pero hasta ahora no existe evidencia científica que pruebe que correr descalzo tenga ventajas sobre hacerlo con las zapatillas adecuadas. Aunque se diga que el hombre corrió por siglos a pie desnudo.

Alivio en pacientes: con fatiga extrema, como en el caso de quienes padecen leucemia. Una investigación de la U. de Carolina del Norte indica que el ejercicio es útil para combatir este cansancio extremo y la depresión que afecta a estas personas. Asimismo, mejora la resistencia cardiovascular y la calidad de vida de estos pacientes.

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